Todo lo que un adulto necesita saber sobre TDAH

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TDAH y perfeccionismo: la parálisis por análisis

Una de las contradicciones más curiosas —y también más frustrantes— del TDAH en adultos es la coexistencia entre desorganización, procrastinación, falta de foco… y un perfeccionismo que puede llegar a ser paralizante. No parece lógico. ¿Cómo puede alguien que tiene dificultades para planificarse o terminar tareas vivir atrapado por la necesidad de hacerlo todo perfecto?

Y, sin embargo, ocurre. Con más frecuencia de la que se suele reconocer.

¿Por qué tantas personas con TDAH luchan con el perfeccionismo?

El perfeccionismo en el TDAH no es una excentricidad ni una simple exigencia personal. En muchos casos, es una estrategia de supervivencia. A lo largo de los años, las personas con TDAH reciben críticas, comentarios, señales constantes de que “no están a la altura”, que “se despistan”, que “no prestan atención”, que “llegan tarde”, que “se olvidan de las cosas”.

Ante ese tipo de retroalimentación continua, se desarrolla una tendencia a compensar. Y una de las formas de hacerlo es intentando que todo lo que se entrega, se dice o se hace esté perfecto. Como si la única forma de demostrar que uno “sí puede” fuera evitar el más mínimo fallo.

El problema es que esa exigencia se convierte en un freno. Porque nada parece estar suficientemente bien para darlo por terminado. Porque uno se queda atascado en los detalles, rehaciendo, dudando, empezando desde cero. Y al final, lo que iba a ser una forma de protegerse del juicio, termina reforzando la procrastinación y la ansiedad.

El perfeccionismo como barrera para empezar (y terminar)

Una de las formas más comunes de este tipo de perfeccionismo es lo que se conoce como parálisis por análisis. Es esa sensación de no poder empezar algo porque no se tiene el plan perfecto, las condiciones ideales o el estado mental “adecuado”. O, al contrario, de tener una idea clara, pero no darla por buena porque aún se podría mejorar.

Este tipo de pensamiento puede sonar racional por fuera, pero esconde una trampa. Con TDAH, el tiempo y la energía mental no siempre se gestionan de forma lineal. Cuando algo se pospone por perfeccionismo, lo más probable es que después llegue el bloqueo, el estrés por la urgencia, la autocrítica… y un nuevo ciclo de frustración.

Curiosamente, muchas personas con TDAH no identifican este perfeccionismo como tal. Piensan que simplemente “no tienen disciplina” o que “se distraen demasiado”, sin darse cuenta de que están intentando cumplir con estándares tan altos que se hacen imposibles de alcanzar sin agotarse.

Cuando el perfeccionismo convive con el caos

Otra paradoja que genera mucha confusión es esa mezcla de rigidez mental y caos externo. Por fuera, puede haber desorden, tareas a medias, ideas sin cerrar. Pero por dentro, hay una parte que no para de revisar, corregir, rumiar. Y eso desgasta mucho más de lo que parece.

Es frecuente encontrar adultos con TDAH que no se permiten descansar hasta que algo esté perfecto. Pero al mismo tiempo, rara vez sienten que lo está. Incluso cuando logran hacer algo muy bien, les cuesta valorarlo. Siempre ven lo que faltó, lo que se podría haber hecho mejor, lo que “no estuvo a la altura”.

Esto también puede afectar las relaciones personales. El perfeccionismo aplicado a lo emocional —a cómo uno debería comunicarse, reaccionar, actuar— puede hacer que ciertas interacciones se vivan con un nivel de autoexigencia y autocensura altísimo.

¿Qué se puede hacer con ese perfeccionismo?

Aceptar que está ahí, para empezar. No se trata de eliminarlo de golpe, ni de convertirlo en una virtud, sino de entender su origen. El perfeccionismo, en muchas personas con TDAH, surge como una defensa ante años de sentirse “mal adaptados”, “insuficientes” o “demasiado intensos”. No es un rasgo superficial, es una respuesta a una historia.

Cuestionar las propias expectativas también ayuda. Preguntarse si eso que uno espera de sí mismo es realista, si vale la pena el nivel de esfuerzo extra que requiere, o si el miedo al error está ganando demasiado espacio.

Y, sobre todo, empezar a dar valor a lo hecho, no solo a lo perfecto. A veces, terminar una tarea “suficientemente bien” es un logro mayor que intentar alcanzar la perfección absoluta y quedarse atrapado en el intento.

Diagnóstico de TDAH en adultos

¿Te identificas con lo que que estás leyendo? Si crees tener todos o parte de los síntomas de TDAH puede ser conveniente que salgas de dudas con una evaluación más exhaustiva. Un diagnóstico temprano es fundamental para prevenir consecuencias más graves que a menudo surgen de un TDAH no tratado.

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